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La cábula

señales versos de Carlos Sánchez

 lenin guerrero

Cada quien sus premisas. Y a cada quien sus cuentos. La mayoría no le hacen falta a esa gran mole que llamamos literatura, muy al contrario, estimo que le sobran demasiados, incluidos varios trillones de puntos y comas. Pero olvidemos la mole, bastante tiene ya con morderse la cola y mirarse sin mirar cuando acude a los espejos. Demos paso a lo sublime de la calle, a las historias que nos brincan y caen paradas al ras del suelo, a las narraciones trémulas del Carlos, en cuyos temblores uno siente cómo se fabrican sus esculturas de humo, sus lúbricas pinturas. Bucanero como el que más, un día me dijo que él no sabe nada de poesía. Miente. Sus metáforas logran tatuar una densa cotidianidad en la espalda de los días. Un guiño, una verdura, todo en Carlos es una explosión de señales en prosa, señales que duran más allá de las sonrisas que nos acomoda en el rostro tanta sencillez. * Leer al pinche Carlos es conectarse a la misma vena, al lente de sus ojos con los que uno descubre más de una forma de mirar, observar, o cómo él dice, soñar que vemos. Como bien dijo Arturo Meza: poesía atroz, te amo de siempre, patees, silbes, muerdas o vueles. Así es señales versos, nos muerde, afila sus garras en nuestra piel. Duele leerlo dice Josefa Isabel Rojas. Vale pura madre dicen en tono de eterna broma los impresores y cómplices de la aventura editorial del Carlos, a quienes dedica este amasijo de cuentos. * ¿Dónde está la frontera entre la reseña y el sonrojo? ¿Qué debe decir un escritor cuando habla del libro de otro escritor a quien envidia? ¿Qué debe un pájaro hacer para no calcinarse en los fuegos del anochecer? ¿Acudir al maloliente juego de ángeles que ocultan su maldad bajo las alas? Mujeres de los cuentos, besen a los niños, tóquenlos, sonrójenlos, eso nos encanta de niños, nos embriaga y así evitamos caer prematuramente en el abismo de la sobriedad. * 

Hacia al cuarto párrafo estoy exhausto, mi mente deforme rechaza la redundancia. Me abastezco de sustancias para seguir en pie. Vuelvo a releer algunas de sus líneas. Por desgracia son estériles los cuentos que anoche eran un incendio en mis ojos. Me acerco al cansancio, como un inocente que acude hacia el lugar de un culpable. No necesito más argumentos para decir que Sánchez es actualmente uno de los mejores escritores de su colonia. Los ojos de la noche protegen mi huída. Huyo del texto y la muerte, grafiteando en las paredes de lo eterno otra verdad: Es mentira que Sánchez es escritor. Y entonces, ¿qué es este libro, señal o verso? Es un grito mudo desde un callejón sin salida, es una lágrima de niña bajando por la garganta de un violador, es el último narcocorrido cantado en la cantina donde todos fingen haberse desnudado. Es la historia de amor de la que terminas enamorado. Es el fin de las palabras, porque ¿para qué otra cosa debe servir la escritura?

1 comentario

Anónimo -

el sánchez es un pirata, según Jack Sparrow: siempre lo moverá la curiosidad. el sánchez tentado por esa libertad que encuentra en la palabra escrita o hablada porque la poesía la trae hasta cuando habla, no es más que un morro que sufre y para no morir escribe