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La cábula

intro

Te enterramos para enterrar el olvido. Porque antes no supimos saber de tu existencia. En una canción de armando palomas dicen que resumiste tu paso por los días. Puedo decir ahora con el estómago sumergido, que existes y te llamas juan.

Uno de todos los días te vimos trepado en los camiones. Y cantabas para encontrar la vida en una jeringa. Tocabas un tambor para abrir la compasión en los viajantes. Y tú viajar.

Puedo decir ahora que te llamas juan. Estás dentro no sólo del hueco de la existencia que sólo llenaste con tu muerte. Estás más dentro de la piel esa que trozaste con el metal para entrar en lo que solamente explotan los inmensos que necesitan mirar más allá. Mirabas como perdido, como intentando encontrarte. No lo supimos, porque a ese mundo tuyo sólo entran los valientes, los que por vida tienen cuerpo y mente y nada les importa el qué dirán. Supiste desde que los ojos se te abrieron para encontrar el cerro el río que te vio nacer en ese barrio del infierno, que nada más el nombre te pertenece, y dispusiste de el con libertad. juan. Cómo renunciar escapar fugarte de la sentencia con la que nacen los nacidos para perder. No se puede. Como tampoco se logra transmitir la alegría recia de vivir en madriza. Nadie tal vez supo que el dolor de verte con los ojos empañados te provocaba alegría certera hasta hacerte estallar por dentro. Estallaste mil veces. Y todos bajamos la mirada porque nos rebasa el temor de la mediocridad en la que vivimos desde siempre.

Ahora hemos dicho tu nombre muchas veces, y en un alarido honesto desgarrado del hueco por donde asomaste la luz te suplicó el retorno. Era tu madre estallando arañando la tarde. Intenso juan no otorgas prórrogas. Ella lo supo como tu padre y nosotros lo sabemos.

Trepas ahora en la mente de todos los que nos avergonzamos de tu sonrisa. Estás en un camión urbano y tus palmas golpean la vaqueta. Canta la chava una rola en tu honor. Las monedas suben hacia ti. Tendrás la dosis para eternizar la mueca lúdica vigilada por el dolor de tu mirada. Y nosotros un motivo más para besar la mejilla de nuestro hijo donde dulcemente vives ahora y para forever. (c.s.)

 
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