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La cábula

El poeta deja su sangre en lo que escribe.

El poeta deja su sangre en lo que escribe.
P Á G I N A S D E L A R E P Ú B L I C A/EL FINANCIERO
Carlos Sánchez
Viernes, 18 de agosto de 2006
 
  • El caleidoscopio de Laura Delia Quintero.

 

 
HERMOSILLO, Son.- En Laura Delia Quintero G., que en el oficio de maestra le fue la vida, ahora la poesía le brota con sinceridad. A pesar de llevar años en el oficio de escribir no es sino hasta este 2006 que el Instituto Sonorense de Cultura, en coedición con ediciones La Cábula y Quedra Khoyada, publica Caleidoscopio de Hai-kais / Humilde ante la vida, donde la poeta muestra su humildad en la palabra.

-No prendas eso que me pone nerviosa -dice la poeta.

-Si no enciendo la grabadora corremos el riesgo de que invente la entrevista.

-No, no vayas a escribir una cosa mala de mí, yo tan buena que soy.

Una carcajada es preámbulo para la conversación.

-¿Qué implica publicar este libro de hai- kais?

-Es uno de los momentos más importantes de mi vida. Yo pensé que jamás vería este libro publicado. Esto no es fácil, posiblemente para muchas personas lo sea, pero para mí no lo ha sido. No tengo poemarios publicados, salvo uno que salió hace un mundo de años, intitulado Sobre las huellas del polvo, en la Casa de la Cultura.

-¿Y Construyo tu cuerpo?

-Ése fue un poemario de veintitantas páginas que editó el Instituto Sonorense de Cultura, y por equis o ye no circuló. Dicho poemario está en un libro que me va a publicar la Universidad de Sonora.

-Quienes la conocemos sabemos que su actitud hacia la poesía es con sobrada humildad. ¿Así la asume?

-No es fácil explicarlo. Para mí la poesía es parte de mi vida. Es algo con lo que amanezco, anochezco y vivo, es como comer, aunque no siempre estoy trabajando en ella; pero estoy leyendo, recogiendo frases que me gustan, escribiéndolas, anotándolas. Y en cuanto a mi persona creo que el poeta, como todo artista, debe ser humilde. Uno nunca debe pensar que es el centro del universo, porque al rato viene una persona y te demuestra que no lo eres. Como dice el dicho: para qué tanto brinco estando el suelo tan parejo. Además, quizás por mi edad, pero me he puesto a pensar a dónde va todo, qué hacemos nosotros, no nos llevamos nada, nos morimos y en dónde quedan las vanidades, los engreimientos, las envidias, se me hace tan vano todo eso.

-¿Y no será que la humildad es una actitud natural?

-Para qué más que la verdad, yo no lo sé. Pero no digo que todos los poetas deben ser humildes, yo tomo la poesía con mucha humildad porque empecé a escribir ya grande.

-¿A qué edad?

-Leer y escribir cositas así como cancioncitas, toda la vida; pero hablando ya de poesía, desde el 82. No estaba en mi pensamiento escribir. Poco a poco fue saliendo y tuve necesidad de expresarme y nació con mayor motivo por un choque muy fuerte que viví. Como no soy muy conversadora ni extrovertida, para mí es más fácil escribirlo que decirlo. Tenía una amiga de muchos años, compañera de trabajo, 25 años trabajamos juntas, y estábamos esperando jubilarnos las dos, y hacíamos planes: tendríamos una casa en Bahía de Kino, donde estaríamos los fines de semana, pero enfermó de cáncer y murió: su muerte me pegó duro. Hice un poema dedicado a ella, y en una ocasión José Sapién, maestro de letras, me dijo: te leí y quisiera que siguieras. Ese estímulo fue el arranque de todo.

-Parecería que la poesía se le viera en la mirada.

-Posiblemente. Para mí el primer poemario, Sobre las huellas del polvo, fue un desgarramiento. En ese tiempo me sentía desollada y siempre pensé que el poeta debía ser sincero consigo mismo y con lo que escribe; esa fue una época muy dura para mí y el poemario un exorcismo; después no ha sido igual y espero no haber escrito poemas tan duros como los de ese tiempo, tan amargos. Si uno no escribe sobre sus vivencias, escribe sobre lo que ve, piensa, siente, lo que vivió, sufrió y gozó.

-¿Qué tan placentera es la poesía?

-Ya el hecho de escribir y sentarme a hacerlo es un gozo. Es una mala comparación, pero es como cuando está esperando uno un hijo, o está esperando uno que llegue la persona que quiere y siente mariposas en el estómago y muchas cosas emocionales que te brincan.

-Si habría que poner en una balanza el sufrimiento y el gozo, ¿qué predominaría?

-De un tiempo para acá siento que es más el placer por el placer mismo de escribir. Lo primero sí fue para mí un desgarramiento y lo escribí con mucho dolor, ya después he escrito por gusto. Mas he sido sincera, mi estado de ánimo se refleja en los poemas porque considero que el poeta no debe ser mentiroso: el poeta que realmente es poeta tiene que dejar en lo que escribe sus nervios, su sangre, el sufrimiento, su gozo, su tristeza... Te iba a decir otra cosa, se me fue la onda porque estaba viendo ese perro que va ahí todo chueco, me dan mucha lástima los animales, me duelen.

-¿Y le duele la vida?

-Ahora no, antes sí me dolía. Ahora lo tomo con mucha paciencia. [Una carcajada.] Ahora ya sé que uno haga o no haga en este mundo, de todas maneras se va a ir. Si hizo uno algo, qué bueno, si no lo hizo, de todas maneras se irá. Lo único cierto es la ceniza que nos llega tarde que temprano.

-¿Tiene más tiempo ahora para la poesía?

-Sí. Y puedo dedicarle más horas a esto. Escribo cuando están las condiciones para hacerlo. A veces te falta un lugar. O cuando quieres hacerlo no puedes porque tienes ocupaciones. Pero, sí, ahora le estoy metiendo muchas ganas al asunto; después de Sobre las huellas del polvo dejé mucho tiempo de escribir poesía, salvo una que otra cosa muy esporádica.

-¿Escribe por impulso, por disciplina o por necesidad?

-Escribir siempre ha sido una necesidad. No porque me imponga una disciplina; sobre todo es la necesidad de comunicarme conmigo misma.

-Cómo es el entorno donde escribe?

-Generalmente en mi casa, en la noche, cuando todos están dormidos. Escribo a mano, con lápiz, porque hay que borrar mucho. Hay que hacer las cosas, dejarlas y luego volver sobre ellas, revisarlas, pulir todo lo que se pueda. Pero he de decir que uno no es tan objetivo con su trabajo como lo es con los demás. Según varios escritores y periodistas, la mujer escribe con la víscera, con el vientre, pero yo digo: uno escribe con todo eso, sí, más la inteligencia. En la poesía están las dos cosas: inteligencia y emoción. No puede ser nada más víscera, porque hay algo que tiene que regir todo eso. Finalmente, no es nada sencillo hablar de poesía.
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