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La cábula

de efe, de Carlos Sánchez

Por Lenin Guerrero 

Pocas plumas son la llamarada de un parto, pocas te queman los ojos incendiando tu pestaña. La de Carlos Sánchez es una de esas. Y sobrados son los escritores que reconocen esta virtud en su manera de multiplicar las imágenes a lo largo de párrafos netos. de efe, en el menos estricto de los sentidos, es un libro mediocre para quienes sabemos de lo que Sánchez es capaz. Pero no me malentiendan aquellos quienes aún no se abisman en su prosa de años, regordeta escuela que lo ha llevado a ser como es, una explosión de palabras y semen literario, un rebelde pero no de los que amordazados defienden el valor en la pantalla, sino de los que salen a la calle. El libro en cuestión se desparrama en crónicas desde su aterrizaje a ese planeta de dos letras que llamamos capital del país, con la capacidad de asombro como método de observación los colores que revientan en la pupila del escritor son revividos por el lector de estas quince crónicas en las que abundan los sueños de izquierda, los personajes entrañables y su deseo por sobrevivir. Tepito y el Zócalo no son lugares sino universos escritos con desesperación, por miedo a ser tragado por el monstruo, lo curioso es que los lectores también entramos al quite, leerlo es lanzarse a un monstruo de palabras desde la tercera cuerda, así, fuera del ring. Lejos de la mirada del réferi de la cultura, la pelea es a muerte con las emociones, a veces compañeras pero que vueltas rivales son una ruda competencia.  Habrá quien diga que la mayor virtud de este libro sea su prontitud, apenas tres semanas para escribirlo, dos más para estar impreso, un día para leerlo. Proximidad que es casi como nacer en Las Pilas e imprimir tus libros a dos cuadras de tu cuna, en la imprenta del Diego y el Rony, cuartel temporal de Ediciones La Cábula. Pero hay algo más que hace inolvidable al texto, se trata de una coyuntura política que la posteridad habrá de revivir incesantemente, la sensación de que fuimos violentados por la clase política tendrá remembranzas, y la yaga que el dedo señale serán ese lugar, ese tiempo, esas imágenes: De efe, dos mil seis, fraude, pobreza, voto por voto, la voluntad secuestrada. Si necesitan testimonios humildes aquí están estos dice Carlitos. Por lo demás, el librito se deja y promete más, por supuesto, más animales mitológicos que como alebrijes saldrán de la boca de Sánchez, de sus dedos mágicos que por la forma en que los tiranos se molestan uno imagina donde los anda metiendo.
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