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La cábula

los días todos

Soy las notas de un piano. O ese violín magistral en la trova. Un oleaje es mi cuerpo un día después del mar embravecido. Canto sutil a la par de una mujer que lava la ropa de sus hijos. Soy la calle y sus piedras, polvo y llanto de una jeringa que entra por placer. Vengo ahora a desgarrarme la camisa para que los rayos del sol entren por mi piel. Justo allí, en el corazón de la cancha que nació posterior a mi casa que ahora es el baldío. Siguen las risas sobre el predio. Porque si antes el Pando viejo burlón y alcahuete contaba chistes con sus manos, ahora el recuerdo posterga la carcajada. Soy el nombre falso ante todos, porque si he de hablar con la verdad, confieso ahora que mi nombre es el Barrio. A donde vuelvo los días todos. Nomás para abrir la puerta de mi boca sin dientes en esos años de tropezones y cuetes en el cielo. (c.s.)
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2 comentarios

Tere -

La vida misma en tus letras.
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Anónimo -

me dice que fuiste, eres y seguirás siendo Barrio. Inevitable esa condición en tí.
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