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La cábula

un poema del jorge, el ochoa

¿Por qué no dejaste a mi vida verte crecer
entre la algarabía verde de lo colombos y obeliscos?

¿Cuánta, mujer esquiva, ha sido mi pobreza:
si lo único que deseaba era que en mi casa
me cantaras encima de la boca
esas canciones que tu gritabas tan horrible?

Ser para ti, como alguna vez lo dijiste,
ese “dibujo” de liebres petrificadas
por la impostura de la luna,
y del color abombado y llorón que guardan
las estufas amarillas, la verdura y los gises.

Y como la vida se anda en los colores,
ser para ti completamente yo,
un largo beso azul terriblemente enamorado.

  Pero como quizá a ti no te vuelve loca
el color de la lechuga o la semilla de higuerilla,
ni te vuelva contenta
un puñado de clips o de torundas,
permíteme siquiera dejar evidencia para ti,
la revolución real del individuo
que se agiganta en la minucia.

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