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La cábula

De la calle


“Soy vago, me dedico a asaltar a las ancianas y a robarle dulces a los niños, y también de vez en cuando a estar en el lugar adecuado en momento indicado, eso es más que ser casual es hacerte de las propias oportunidades de lo que gustes”.

Carlos Sánchez

En el umbral de la Biblioteca Pública Central revolvía el café con su índice. Adentro conferenciaban sobre la importancia de la lectura y cómo inducir a la raza hacia ella. Afuera: “Martín Caperón para servirle a usted”. Se presentó para no volver a dar pausa a su exposición.“Mira aquel caballero que viene allá es mi gran amigo, es el vaquero, estuvo conmigo encerrado como ocho meses en el tambo; me cae muy bien porque a ellos los considero los hombres más verdaderos que pueda haber en Hermosillo, no simplemente porque sí en los grandes comedores de falacias, olvidos, humillaciones , sino también los que sostienen todas esas cementeras de penas y más que nada los grandes hacedores y tejedores del enjambre del dolor. Y a todas esas personas, el gran ejército del pauperismo y miserables en Hermosillo, es la única gente que le tengo confianza y por las que solamente puedo tener compromiso. Porque en esa gente, en estos compañeros, está verdaderamente lo sobre humano, lo demasiado humano, la gente total, única e indivisible, de veras, de verdad, la gente más cristalina. Francamente mi única condición fraterna es con los últimos, los excluidos, los miserables, los paupérrimos, con los perros llenos de sarna que andan buscando comida en los basureros, esa es la única gente que le puedo dirigir yo mi mejor voluntad, mi mejor saludo, mi sonrisa de medio millón de dólares, y más que nada por la que puedo morir, inclusive también para jugarme la vida por los cadáveres, no por gente snob ni chouvinista, ni nada de eso, por la única que gente que tengo compromiso y necesidad de amistad, es con los últimos, con los pocos de lo poquito de lo menos de los mínimos, con los que en ese momento su corazón de lis, con esa lengua de dragón celestial pueden alumbrar y cambiar o parar el universo, con los más méndigos miados apestosos, con los hijos de las aguas fetales, de la sin razón de no sé, a esos les dedico mi mejor pensamiento.

"El Vaquero eso y yo comaprtimos una celda en la cárcel durante ocho meses. Yo estuve por quebrarle los brazos a un cuñado. Me habían sentenciado a seis años pero los trámites, bueno, el proceso se adelantó y hubo posibilidad de salir a los ocho meses. El Vaquero estuvo por robar alcohol, como la canción de Silvio, no?, si alguien roba comida y después da la vida hasta dónde vamos a tolerar las verdades.

"Mi deporte favorito es la droga, me gustan los deportes nobles, aristócratas, los deportes de masa como la ducación, el fut bol, el matrimonio, la familia, se me hacen las cosas más absurdas y ridículas de la civilización. Tengo nada de años de estudio, por lo general soy hombre de conocimiento. Fuí a la UNAM, estudié filosofía, también pedagogía en la misma UNAM; me puede porque no puedo quitarme ese pinchi síndrome maldito neurótico de casi olvido de pertenecer al santuario de la revolución espiritual más importante en América Latina, y eso es peor que un trauma, que un síndrome, que una enfermedad, que amar o querer, que vivir y odiar, que morir y jamás ser inmortal; pertenecer a la hermana república del unamense, es como tener un compromiso universal con lo que antes te reafirmo, con los excluídos, con los marginales, los mínimos, con las hormigas pisadas, con los perros llenos de sarna recogiendo basura.

"La noche? No hay distinción entre oscuridad o luz, es una continuidad, la noche no es quizá la caverna donde puedan caber tres lunas en una bellota, la noche es simplemente un gran himno que traemos antes de hacer digestión en el sistole del corazón; ser noctámbulo es como poder adentrarte sin miembros a tu corriente sanguínea, la noche quizá es el color más preciso del espectro y también la fuga más maravillosa de los encuentros de un matiné.

"Las morras y las drogas ambas son iguales, femeninas, la droga unió al pensamiento y al lenguaje, y la droga es tan femenina, tan encantadora que en un momento dado me es imposible encontrar diferencia entre droga y mujer. Lo que es mucho más cautivador y evolutivo, es la droga como el sueño más precioso de la más hermosa de las mujeres. La muerte vestida de luz".

Fuera de libreta, y en el tronar de los aplausos a los ponentes que sugerían cómo y por qué la importancia de la lectura, Martín Caperón convocó a los colaboradores de Entrámite a fumar grifa en una pipa de un femur de mujer. Prometió también soltar prenda de una entrevista echa al Cover, el preso con mayor condena en el Cereso de Hermosillo. En la entrevista, a decir de Caperón, el Cover narra cada una de las torturas a las que fue sometido por paerte de la autoridad. En el próximo número, un adelanto de la entrevista. Eso si la muerte vestida de luz no se enreda con quemartín.

 
 
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