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La cábula

Tomando el sol


 

Alejandro Cabral

Juan.- Buenos días.
José.- (con lentes oscuros) Buenas noches.
Juan.- (poniéndose sus lentes oscuros) Ah, sí, buenas noches.
José (quitándose los lentes) Buenos días.
Juan.- Disculpe usted, ¿a qué hora pasa el próximo?
José.- A la misma, creo.
Juan.- Lo supuse, siempre se atrasan.
José.- Figúrese que yo tengo desde anoche esperando y como se podrá dar cuenta ya casi es mediodía y…
Juan.- ¿Mediodía?, si ahora es de noche.
José.- De día.
Juan.- De noche.
José.- (quitándole los lentes a Juan) De día.
Juan.- Es verdad, ya veo claro. (pausa) Tarda mucho, ya tengo desde anoche esperando y nada.
José.- El sistema ferroviario en el país es muy deficiente, pero es mejor así, pues hoy no deseo ir a ningún lado.
Juan.- Qué casualidad, vamos a donde mismo.
José.- Pero… si yo acabo de decir que no voy a ningún lado.
Juan.- Por eso, yo también voy a ningún lado.
José.- Pero… ¿no esperaba usted el tren, a donde pensaba ir?
Juan.- Lejos… hacia el sur.
José.- Y entonces, cómo explica ahora que no va a ningún lado. Me está usted siguiendo, ¿verdad?
(PAUSA)
Juan.- No, pero si el sistema ferroviario está tan mal como usted dice, tendré que ir a ningún lado y entonces estaremos juntos, puesto que usted…
José.- ¡Ya cállese usted por favor! No quiero que me vean hablando con un desconocido; y menos si se dan cuenta que iremos juntos a ningún lado.
Juan.- Claro, lo dejo señor…?
José.- Gutiérrez, José Gutiérrez, para servirle.
Juan.- Sí, adiós. (pausa) Juan, Juan Pérez es mi nombre.
(Se dan la espalda, pausa, se voltean a ver.)
José.- ¡Juan, qué gusto encontrarme con un buen amigo aquí en ninguna parte! Recuerdo que la última vez que lo vi quería usted viajar a ninguna parte y…
Juan.- No, yo quería ir lejos, hacia el sur, pero desde el momento en que usted me abrió los ojos y me hizo ver que el sistema ferroviario era tan malo en el país, supe que mi destino estaba aquí en ninguna parte.
José.- ¿De qué destino habla usted, del destino, destino?
Juan.- No, yo hablo mas bien del destino al que nos lleva el destino.
José.- Ya veo, ahora no comprendo, pero está bien.
Juan.- No se preocupe usted, yo tampoco lo comprendo, pero desde ese momento siento que mi destino está resuelto.
José.- Pues regresando al asunto de los trenes, pensaba poner una queja ante el gobierno para que resolviera el problema de la mala calidad de nuestro sistema ferroviario, pero desistí de la idea.
Juan.- ¿Por qué hizo usted eso?
José.- Porque recordé que no deseaba ir a ninguna parte.
Juan.- Es usted un inconsciente, se nota que no sabe que si uno tiene cualquier inconformidad con el gobierno debe quejarse aunque no le beneficie en lo más mínimo.
José.- Tiene usted razón, me quejaré. Estoy harto de que nada funcione en este sistema y sobre todo de que el maldito gobierno no nos tome en cuenta.
Juan.- Me impresiona usted, nunca me imaginé que fuera un anarquista, un opositor radical, un rebelde, un… No dudo que sea hasta socialista.
José.- No, no me diga eso por favor. Todo lo que quiera menos socialista.
Juan.- Socialista, socialista, socialista y… comunista.
José.- No, ya, perdóneme.
Juan.- Bien lo perdonaré, pero con una condición.
José.- La que usted quiera.
Juan.- Pues, la única manera de que me demuestre que es un hombre derecho y de derecha es que me haga ver que es usted un capitalista completo.
José.- Lo soy y se lo demuestro.
Juan.- Bueno, para ser un capitalista completo debe usted contar con capital.
José.- Claro.
Juan.- Demuéstremelo entonces, patrocinándome un proyecto de inversión que traigo entre manos.
José.- Ah no, eso si que es abuso de confianza, dígame lo que quiera pero no se meta con mi dinero, nunca lo malgastaría en alguien que apenas conozco y que probablemente lo usará para un programa social de ayuda comunitaria. Hasta nunca, mala copia de Robin Hood.
Juan.- Muchas gracias, me ha demostrado usted ser de los nuestros, gracias.
José.- Qué suerte, ya me había usted asustado, es usted un hombre muy divertido.
Juan.- Gracias, ¿Cree usted que ya estoy suficientemente bronceado?
José.- Se ve usted muy atractivo, ¿Qué opina de mí?
Juan.- Está usted con un bronceado perfecto. Creo que ya es hora de ir a quejarnos de la mala calidad del sistema ferroviario. ¿No le parece?
José.- Me parece perfecto, vamos a luchar por los derechos de las clases menos privilegiadas.
Juan.- Sí, vamos. (salen)
TELÓN
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