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La cábula

En las casas donde hay libros circulan las ideas: Daniel Goldin

En las casas donde hay libros circulan las ideas: Daniel Goldin

Juan José Flores Nava

Saber leer y escribir, dice Daniel Goldin, es igual a adquirir derechos y poderes. Porque eso significa la posibilidad de registrar la historia propia pero, también, de ampliar los márgenes para saber elegir. En Los días y los libros, Goldin da cuenta de sus "divagaciones sobre la hospitalidad de la lectura".

Publicado por Editorial Paidós, Los días y los libros contiene una serie de ensayos que fueron escritos, en su mayoría, para ser leídos como conferencias. Son textos en los que el autor intenta conciliar distintos campos relacionados con la cultura escrita para esclarecerse algunas de las razones del porqué, espe- cialmente hoy día, es cada vez mayor la importancia otorgada por gobiernos y sociedades a la formación de más y mejores lectores.

"Los días y los libros", "La paternidad y los libros: divagaciones sobre la hospitalidad de la lectura", "La invención del niños: digresiones en torno a la historia de la literatura infantil y de la infancia", "La debilidad radical del lenguaje: reflexiones sobre la formación de lectores y la formación de ciudadanos", entre otros ensayos, son un aliento, según los editores, para el pensamiento crítico y la acción responsable. Pensamiento crítico del que, desde luego, no escapa el propio Goldin, pues de entrada advierte que su pasión por los libros se ha vuelto cada vez menos compulsiva.

-Tal vez -dice en entrevista- porque cada vez pienso que más importante que los propios libros son las lecturas que uno haga de ellos. Eso me lleva a matizar el amor fetichista o el deseo de poseer o leer todos los libros. Es más importante leer bien un libro, así como leer el libro adecuado en el momento adecuado.

-¿Qué significa para usted leer bien un libro?

-Lo que importa es que esa lectura forme parte de nuestra propia vida. Es decir, que a través de las palabras y de las ideas de otros sea posible detonar un proceso de pensamiento, un proceso de reflexión en el que se amplíen posibilidades vitales.

-¿La lectura es un placer?

-La lectura, para muchas personas, es un placer y, para otras, es algo que temen, que les aburre, que no les dice nada. Y es así porque el terreno de los placeres es privado. Por otro lado, en todo el mundo los índices de lectura son bajos. No hay correlación entre la enorme cantidad de publicaciones y la gran cantidad de usuarios de la cultura escrita.

-Usted cuenta, al inicio del primer ensayo, que aprendió a manipular los libros revisando las imágenes de un volumen sobre los años sesenta. Pero más adelante señala que prefiere enfrentarse a un libro que no contiene imágenes.

-Es un conflicto que siempre he tenido. Cuando era pequeño me gustaba vagabundear por las imágenes de los libros y aún hoy lo hago. Pero prefiero los libros que no tienen imágenes. Sobre todo porque los libros sin imágenes me pueden llevar más lejos de donde las imágenes mismas me podrían conducir. Tal vez también he preferido los libros sin imágenes porque, en buena medida, las imágenes que antes contenían los libros eran bastante rudimentarias. Hoy la ilustración se ha desarrollado mucho. Es casi un lenguaje complementario e, incluso, a un tiempo también protagonista del mundo editorial para niños. Hoy en día, por ejemplo, el libro-álbum interrelaciona el lenguaje escrito y el de las imágenes de una forma mucho más inteligente y rica. Propone una modalidad de lectura más completa, en donde el ritmo a que obliga la lectura de las palabras, una tras otra de principio a fin, se rompe con la propuesta de ir contemplando las imágenes.

-¿Por qué en algún momento de Los días y los libros señala que desconfía de una casa en la que no hay libros? ¿Qué implica?

-Debo matizar esa aseveración. Me parece que en una casa en donde hay posibilidades económicas de tener libros y no los hay, no hay ventanas. Ventanas a otros mundos, a otras culturas, a otras voces. Y es probable que si no hay libros tampoco hay posibilidades para que las personas tengan un momento de interioridad, de reserva. En una casa me gusta sentir que existe una biblioteca más o menos usada. Eso me da confianza de que se puede recibir a otros, distintos, ajenos, distantes. Que hay una circulación de las ideas.

-¿Sigue pensando, como cuando iba en la primaria, que la lectura es una manera de conocer y de hacerse respetar?

-Me parece que leer y escribir son una de las muchas formas de activación del pensamiento, de las muchas formas de conocer; no sólo por la información que transmiten los libros sino porque el proceso de leer y escribir como una actividad continua permite ver la manera en que se construyen las ideas, pues da la posibilidad de distanciarnos de nuestro propio pensamiento, pulirlo, revisarlo y cuestionarlo. También me parece que, en buena medida, la lectura contribuye a la dignidad de las personas. Pocas cosas son más opresivas que no saber leer y escribir en una sociedad como ésta. Y pocas cosas son más liberadoras que tener un espacio para la imaginación, para el ensueño, para la comunicación con los demás, para objetivar nuestro pensamiento.

-No se puede leer todo y siempre. ¿Cómo saber qué leer?

-Para mí, hay una sensibilidad interior que, en algunos casos, no me permite avanzar en un libro o, en otros, me indica que estoy perdiendo mi tiempo. Es el momento en el que me aburre una lectura o en el que siento que no me está enriqueciendo. Es igual que comer. ¿Cómo sabemos cuándo algo nos cae bien? Hay cierto antojo, cierta intuición, cierta sensibilidad interna. Porque a veces basta empezar a leer un libro para sentir que es un peso más.

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