Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2006.
Favores musicales

Eusebio Ruvalcaba
Para Flor, la de La Ópera
1 En mi artículo del sábado próximo pasado, el diablo de las erratas le pone a la fotografía de Anne-Sophie Mütter el pie: “Celia Treviño”. No voy a hablar del violinismo de cada una pero sí del físico. Y la verdad brincos hubiera dado mi querida Celia por parecerse a la Mütter. Ciertamente, Celia Treviño ponía nervioso a más de un atrilista, pero de ahí a que fuera dueña de una belleza semejante a la de la violinista alemana, hay su distancia. Ahora mismo viene a mi mente una anécdota. Alguna vez, en los sesenta, Celia Treviño tocó en Bellas Artes y mi padre me ordenó: “Llévame al concierto de Celia”. Lo llevé. Celia toc&oa
Julián Herbert: Apostarle a lo decadente es actualizar los valores morales

| Esta canción me va a salvar I. En un cuarto de cuatro por cuatro y foco de 100 watts Acordes de guitarra y golpes intensos de la batería que reverberan en la habitación son el acompañamiento de una voz penetrante, chillona y aguda, o juguetona en la escala descendente. Sí, como alucinado estaba el autor de Cocaína. Manual del usuario, estirando su voz con ojos entrecerrados, junto con Las Madrastras, banda de la que es cantante y letrista. Julián Herbert toma un trago de vino antes de seguir cantando; su mano izquierda, asida al micrófono, deja ver una muñeca decorada con un tatuaje en forma de glifo azteca. Una marca personal para aceptar la procedencia de su vena literaria: el lenguaje que brota de la siniestra, de la izquierda; lo alterno, |
Estamos bateando basura
Julián Herbert
No importa si eres sacerdote, borracho, maricón o policía. No importa si vives en la Del Valle, en Hong Kong, en Las Gradas o en la luna. No importa si tu hobby es escribir discursos, matar árabes, pescar ostiones en Guaymas, limpiar baños en Durango o fornicar en los hoteles de Calzada de Tlalpan con muchachas chaparritas. Hay algo en lo que estoy totalmente de acuerdo contigo: lo que más abunda en la atmósfera es oxígeno e hijos de puta. Y no lo digo para complacerte, no, ni mucho menos para hacerte creer que tú y yo somos mejores, nada de eso: estoy hablando completamente en serio. Ahora que, tú bien sabes, de vez en cuando aparecen personas luminosas.
Hay una vecindad a donde voy a conectar de vez
Mi mamá le cortaba enfrente a los zapatos para que salieran los deditos

Por Carlos Sánchez
Me lo contó una semana después. Lo habían tumbado a la brava: la gorra, la chamarra, los tramos, los calcos y los calcetines.
Venía tambaleándose, por la calleja, debajo de la banqueta, sujetándose del viento, una mancha desde la bragueta hasta la bastilla.
El Frank se orinó del miedo, porque un domingo antes le dieron pa’bajo: un tubazo en la cabeza, una patada en la cara,
... (... continúa)Crónica en tres movimientos
por martín aguilar cantú
Enamoramiento
“Lo primero que sentí de él fue la fiebre: en la cara, en la boca, en los labios. Diría que también en el alma si el alma no fuera una soberana abstracción. Pero sí, también en el alma: el alma era la llama”
<... (... continúa)...
No me gusta lo que escribo. Es más, me disgusta. Y menos sobre la muerte. Porque hay que decir las virtudes del muerto.
Apenas ayer lo miraba en la memoria, escuchando historias de los presos que eran mis alumnos. Ahora ya no está. Que lo incineraron, informa la prensa.
Tendría que ponerme nostálgico, melancólico, porque lo oí hablar, porque recorrimos juntos un día la ciudad. Y ahora ya no está.
La ponzoña del bigote se enredaba entre sus dedos, y hablaba a borbotones: Rafael Ramírez Heredia...
-carlos sánchez-.
Carlos Sánchez mira y crónica el de efe
HERMOSILLO, Son.- A Carlos Sánchez una suerte rara lo condujo a lo que ahora es: periodista, escritor. Sus amigos de infancia, la mayoría, están presos, muertos algunos, adictos prisioneros otros. Porque en vez de autoflagelarse todas las mañanas y recordar que su infancia sucedió entre adictos y prostitutas que se surtían de droga en la casa paterna, Carlos Sánchez no deja de agradecer que tiene vista y que las letras se le cruzaron a su paso. Un beso al cielo, dice, en esta charla con EL FINANCIERO a propósito de su libro de efe (La Cábula Ediciones).
En de efe, claro, Carlos Sánchez anda y
